miércoles, 16 de noviembre de 2011

Fiesta Aniversario!!!


EL VIERNES 2 DE DICIEMBRE
TEATRO CRUDO FESTEJA SUS 5 AÑOS!!!


Vení a festejar con nosotros en

KM ZERO

$30 con una consumisión
Anotate - Reservate!
reservas@teatrocrudo.com.ar

lunes, 10 de octubre de 2011

Ultimas funciones!!!


Podés pedir tus entradas de $30 antes de las 16hs del día jueves a reservas@teatrocrudo.com.ar
 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Crítica MALICIA en el sitio A SALA LLENA.


En Malicia las apariencias y las miserias individuales salen a la luz en el momento menos adecuado. Teatro Crudo, el elenco que dirige Martín Marcou, pone sobre el escenario con esta obra los temas que generalmente se callan. Malicia es irónica, dramática y, a la vez, capaz de despertar risas nerviosas.

Con una escenografía absolutamente despojada y los actores sentados durante casi toda la función, la atención se centra en el discurso. Palabras banales y frases que parecen vacías dejan al descubierto heridas, complejos, miserias y resentimientos acumulados durante años. 
 
El grupo protagonista es heterogéneo; amigos, conocidos, familiares, empleados. Hay entre ellos viudas, parejas, amantes, homosexuales, eternas solteras. 

La protagonista, una mujer que estuvo en las más altas esferas sociales, que lo tuvo todo, está ahora viuda y en plena debacle; sin embargo, no puede mostrar esta realidad frente a los que la rodean. Para mantener su imagen organiza una reunión en su casa. Es durante este mismo evento cuando termina quedando, indefectiblemente, en evidencia. Rozando con el absurdo, el descenso social y la decadencia moral se conjugan y los protagonistas, de a poco, dejan caer sus máscaras y sacan, como escupiendo, todo lo que guardaban en su interior. 

La escena recuerda, en algún sentido, a La izquierda exquisita, el texto de Tom Wolfe, en el que las apariencias y la necesidad de mostrar el status social (por momentos forzando la situación) parecen imprescindibles para los protagonistas. 

La decisión del director de mantener la mayor parte del tiempo a los personajes sentados privilegia a la palabra; pero esto es un gran desafío que no todos los actores logran resolver con naturalidad. Hay en algunos de ellos artificios exagerados y actuaciones desparejas, que restan al propósito original.

Tanto la iluminación como la musicalización y el vestuario son un acierto: inmediatamente retrotraen a los noventa. La pizza y el champán, que abundan en la fiesta, son la señal más clara del contexto en el que transcurre la historia. Por otro lado, cada uno de los personajes caracteriza estereotipos, y producen identificación inmediata con la sociedad heterogénea.

Teatro: La Comedia. Rodriguez Peña 1062, C.A.B.A.
Funciones: jueves a las 21


Entrada: $60. 
Descuentos :$30 escribiendo a reservas@teatrocrudo.com.ar
Leer la nota completa en:

sábado, 20 de agosto de 2011

Puesta en Escena - Entrevista a Martín Marcou

Martín Marcou, bitácora de un creador incansable


Dialogamos con el creador de Teatro Crudo, acerca de sus trabajos anteriores y del que hoy puede verse en el Teatro La Comedia

Martín Marcou* nació en Comandante Luis Piedra Buena,  provincia de Santa Cruz. Luego de trabajar en el terreno de la investigación y experimentación teatral en su provincia, en el año 1997 se traslada a Buenos Aires donde continúa formándose en el campo de la actuación, dirección y puesta en escena. Como docente ha dictado seminarios de actuación en Argentina, Chile, Ecuador y Venezuela. Como dramaturgo escribe y pone en escena sus espectáculos desde el año 1996. En el año 2006 creó el grupo de teatro TEATRO CRUDO. Su último estreno Malicia, es una parodia a los años 90’ y una excusa para hablar de cosas que habló la gente que vivió esa generación y de las cuales en muchos casos no volverá a hablar jamás. Para llevar a nuestros lectores un mayor conocimiento de este incansable artista, Puesta en escena conversó con él sobre varias cuestiones de su quehacer.

Puesta en Escena- Hay una línea de trabajo que se viene dando desde Lame vulva, Brillosa y ahora Malicia que muestra cierta consolidación de un equipo de trabajo. Por ejemplo Checha Amororosi está en las 3 obras. ¿Esa continuidad responde a necesidades estéticas del momento o tiene que ver con el proyecto de Teatro Crudo?

Martín Marcou- Creo en los equipos de trabajo cuando estos laburan sin otra especulación que la del placer por lo que se hace. En ese sentido siento que uno se va encontrando con la gente que  es necesario encontrarse. No es sencillo apostar a la idea de grupo en tiempos donde todos quieren ser más que el otro para existir. Es un escollo que me interesa atravesar. Por lo general trabajo con lo que me da miedo. Domar mi ego y el de los actores con los que trabajo es parte de la tarea. El caso de Checha Amorosi  y su continuidad dentro de Teatro Crudo, responde por un lado a que ella es miembro del equipo desde sus inicios y por el otro lo relaciono con la necesidad de seguir investigando conjuntamente sobre nuestras estéticas.

P.E.- ¿La cuestión gay es un tópico que ha sido usado con acierto en tu caso y que se repitió a lo largo de muchas puestas de otros dramaturgos y directores no siempre por la convicción de la problemática, sino más bien como un tópico y sabemos que estos tienden a cristalizarse y vaciarse de contenido. ¿Cómo se la aborda hoy desde tu trabajo, ya que tu caso es el opuesto al que menciono?

M.M.- Siempre digo que el tratamiento de la diversidad sexual en las artes escénicas debería ser abordado con responsabilidad. Y no lo digo de pretencioso, ni de solemne. Me parece que al hablar de elecciones sexuales nos estamos diciendo y eso no es un tema menor al menos para mí. Vaciar de contenido temáticas LGTBI es atentar contra la realidad imperante, es ir en contra de la naturaleza de las cosas y de los cambios que hay que acompañar. De todas formas, considero que aún hay mucha pose respecto al tema. Mucho trabajo por hacer. Veo mucha  gente creyéndose importante y especial por que es gay, lo cual me parece terrible. Yo me diferencio del resto por que Intento no ser todo el tiempo autorreferencial ni obvio. 

P.E.- Malicia aborda cierta cosa noventosa y pop que lamentablemente está latente porque su alcance ha sido muy nocivo y despierta nostalgias al menos en algunos sectores, cada vez menores por cierto. ¿Qué fueron para vos los 90’? ¿Cómo definirías ese recorte histórico que borró muchos límites, uno de ellos la frontera entre lo privado y lo público?

M.M.- Los ’90 para mí fueron significativos por que terminé la secundaria y tomé decisiones importantes para mi futuro, como por ejemplo venir a vivir a la gran ciudad. Llegué a Buenos Aires en el ’97 y me encontré con la gran fiesta menemista, que en Santa Cruz se vivió de otra manera. Rápidamente entendí como venía la mano. O te sumabas o quedabas afuera. Intuía que los límites se iban corriendo. El culto a la imagen, la banalización de los sentimientos, la debacle de ciertos valores y la devaluación de la palabra, entre otras cosas, fueron claros signos de consecuencias venideras. Al mismo tiempo el teatro como puntal siguió pariendo nuevas formas de construcción estética. Nuevos valores emergieron y yo fui aprendiendo de ello, acomodándome siempre a las transformaciones.  Se que es una década que despierta pasiones encontradas, amores y odios, hay gente que la detesta, pero también hay nostálgicos y sobrevivientes de ese tiempo y están entre nosotros.

P.E.- ¿Cómo trabajaste en Malicia? Desde la dramaturgia, la puesta en escena, las elecciones estéticas, en torno de todos los signos teatrales, música, vestuario, luces. etc.?

M.M.- MALICIA es una obra que habla sobre una mujer que asciende de clase social y después, en el momento que le toca bajar, quiere mantener las apariencias. Mi  apuesta siempre fue generar una versión desordenada de los '90, tal como yo concibo la época. Y un poco a mi teatro. Particularmente me interesa crear cosas que estén vivas y que contengan una sustancia movilizadora. Me gusta que los actores actúen estados, ese es mi mayor interés en este momento. En esta obra, me interesaba poner a dialogar a muchas personas, que aparentemente no se están diciendo nada, pero que en sus dolores y contradicciones terminan sacando afuera sus miserias. Fue complejo que los actores entendieran que la mayor parte del tiempo debían actuar sentados, sin que eso implique reposo, ni desbordes innecesarios de energía para poder sostener el sistema que se creó. Ellos tuvieron activa colaboración en los ensayos y aportaron lo suyo. Busqué ubicarlos en una escenografía sencilla y funcional, ya que la obra es mayormente discursiva. La música a cargo de Germán Díaz, presenta  temas de los ’90  que volvimos a visitar y le dimos una vuelta de tuerca. El vestuario es actual, con reminiscencias de aquella época en algunos casos. El diseño de luces a cargo de Ariel Campos, plantea una re significación de la ostentación, subrayando algunos objetos en particular y climas en pasajes específicos de la obra que son, básicamente evocativos.

P.E.- ¿Hay un súper objetivo en torno a lo que deseas que el espectador se lleve? ¿O sencillamente preferís despertar interpelaciones respecto de lo que exhibe la obra?

M.M.- No jamás. Abogo por la multiplicidad de sentidos y la bifurcación de los estados. El público tiene su crédito y crea su propia dramaturgia. No me gusta faltarle el respeto, no son corderitos mansos, una manada. Me interesa como creador, que el espectador una como se le antoje, que haga y deshaga, que edite de la manera que le quede más cómoda. Me entretiene el público que disiente, que defiende sus ideas y su propia versión de los hechos.

P.E.- ¿Pensás reponer Quiero pasar una tarde con Franco? Y si así es, nos gustaría que nos cuentes qué mecanismos hacen posibles tanto teatro en Bs. As. Y que el OF pueda darse un lujo que hace años sólo se daba el teatro comercial, que es reponer obras con gran afluencia de público.

M.M.- No, no pienso reponer la obra por ahora, pero nunca me cierro a la posibilidad. Es una obra que estuvo dos temporadas en cartel y que me gustó mucho hacer, por la resultante del encuentro con los actores y por lo que pasó con el público y su devolución. Es probable que salga algún Festival. Con respecto a comentarios sobre los mecanismos que hace que la gente vaya o no a ver una obra, son respuestas que sigo buscando, son procesos y variables que van mutando todo el tiempo. Hay obras que extienden sus temporadas y se convierten en obras de culto o fenómenos y otras que duran un mes y tienen todo para convertirse en éxitos. Si supiera cual es la razón, o tuviera una formula para crear aciertos y éxitos, sería muy afortunado. Mientras tanto sigo apostando a la auto gestión y al trabajo como herramientas para seguir depurando mis obras, para conseguir mayor rigor estético y visibilidad como creador.

P.E.- ¿El teatro es signo de inestabilidad? ¿O aún en épocas de aguas  quietas (no recuerdo ninguna) el teatro se sigue filtrando por todas las rendijas, abarcando a todas las capas sociales porque aunque no conlleve una catarsis como pensó Aristóteles sigue siendo el gran catalizador de emociones?

M.M.- El teatro es inestablemente necesario. Es un signo de vida y va con el mundo, es un bastión poderoso que produce revolución interna, sed de decir, es un sostén perpetuo de la emoción. Al teatro se lo pone todo el tiempo en diferentes lugares, se lo redefine y se pretende categorizar, pero el teatro se determina así mismo imponiendo su fuerza y sus misterios. Si pudiéramos definir con precisión que es el teatro, que es actuar y para donde vamos, dejaría de hacerlo.  

P.E.- Muchas Gracias.

sábado, 13 de agosto de 2011

Osvaldo Sabino para Pressenta

MALICIA POR OSVALDO SABINO
En Malicia, Martín Marcou, con su reconocido talento, se sumerge hábilmente en la perversa exageración de la extravagancia de la década del ’90.
Ampliar
M A L I C I A
de Martín Marcou
Jueves 21hs. Entrada: $60
TEATRO LA COMEDIA
Rodríguez Peña 1062 - CABA
Tel.: 4815-5665 / 4812-4228
Imágenes en Galería (6)
[Click sobre la Imagen para ver Galería]
MALICIA DE MARTIN MARCOU
Jueves 21hs. - $60
Teatro LA COMEDIA, Rodriguez Peña 1062, CABA.
 
EN MALICIA, MARTÍN MARCOU, CON SU RECONOCIDO TALENTO, SE SUMERGE HÁBILMENTE EN LA PERVERSA EXAGERACIÓN DE LA EXTRAVAGANCIA DE LA DÉCADA DEL ‘90
Por OSVALDO SABINO*, para PRESSENTA.COM.AR
Las fotos son una gentileza de
Fher Ghiani ©

Malicia, la nueva obra de Martín Marcou, es una ácida propuesta decididamente divertida, aunque la clave de su éxito reside justamente en que no busca serlo. La malicia emana de los tonos, las poses y de los giros que van tomando las diferentes situaciones nostálgicamente planteada por los personajes que llevan adelante una temática simple que, como la década que evocan, termina cargada de un corrosivo barroquismo.

La acción se desarrolla durante una reunión de familiares y amigos que organiza Chunchuna (Puchi Labaronie). En ella reviven las efímeras glorias vividas durante ese período nefasto en el que muchos se enriquecieron a costa de una economía que hoy paga las consecuencias. La consigna esencial es (como era en aquel entonces) una fiesta de “pizza y champagne”. La trama se desarrolla con toques que entrelazan el realismo, el absurdo, la crueldad, el melodrama, unidos por la experta inteligencia y el talento siempre en ascenso de Martín Marcou. Catorce personajes en una habitación de la que no pueden escapar ni de la mirada vigilante de la anfitriona, ni del rencor que habita en ellos mismos. Los invitados son seres que durante aquella década lo tuvieron todo, y que, con el correr del tiempo, sólo les ha quedado la memoria nostálgica de aquellos días.

El director ha cuidado todos los detalles: desde lo cromático, ya que todos los colores están íntimamente relacionados con los personajes, hasta la división de roles y sus nombres, que están muy estrechamente relacionados a sus historias. En la trama, todo el elenco se integra exagerando sus pasiones y proponiendo una parodia que produce un distanciamiento con la realidad de sus vidas. De este modo, Malicia logra que la audiencia se identifique, de una manera u otra, con detalles compartidos por todo el tejido del imaginario social. La virulenta mordacidad que Marcou ha volcado en el texto, consigue que todos terminen burlándose de sí mismos, pero buscando reflejar sus condiciones sobre los demás.
La efectiva dinámica de los discursos de Malicia hace que la obra mantenga su ritmo y no decaiga en ningún momento. Las actuaciones son espontáneas, naturales (uno de los sellos distintivos de Marcou), todo el elenco hace suyos a los personajes, los incorpora de manera orgánica resaltando la ácida poesía a la que el autor nos tiene acostumbrados. Un importante detalle a destacar, es la precisión con que se mueven los diálogos, un ida y vuelta altamente dinámico que -a pesar de ser catorce personas en escena- rápidamente nos familiariza con cada uno de ellos logrando que perduren en la mente mucho después de abandonar la sala. Aunque no es fácil conseguirlo, todas las situaciones presentadas terminan resolviéndose artesanalmente.

Una vez más, Martín Marcou está acompañado de un excelente grupo de actores encabezado por dos de sus actrices fetiche: Puchi Labaronnie, en un rol a su medida y al que le saca el jugo en todo momento, y Checha Amorosi, una joven profesional que no deja de superarse en cada nueva entrega. También debemos destacar la excelente actuación de Richie Guzmán, transitando constantemente una fina línea que en ningún momento cae en la ridiculización de un personaje que está siempre moviéndose en el límite. Los mucamos, compuestos por Julián Mondino y Lorena Azconovieta, no sólo se integran el grupo, pero también, desde un costado de la escena, componen una especie de catalizador social -virulentamente irónico- de ese mundo de apariencias y de frivolidades insidiosas. Los discursos que esgrimen los personajes, establecen el compás de esta brillante comedia cargada de mordacidad en la que toda la audiencia encuentra rasgos para identificarse -y de los que pueden avergonzarse- pero que siempre serán vistos proyectados sobre “el otro”.

El inagotable arsenal de recursos de Martín Marcou, tanto en su condición de dramaturgo como así también de director, hace que estas realidades -que en otras manos podrían ser utilizadas sólo para poner distancia con la audiencia- logren movilizar la fibra del público, desnudando descarnadamente el pensamiento reprimido de estos remanentes de ese mundillo que favoreció a unos pocos y hundió a muchos.

La obra se complementa con una muy funcional escenografía que se ajusta a la decadencia de la época en la que la memoria de estos seres se ha quedado estancada. También el diseño de luces de Ariel Campos se adapta como un personaje más en la escena. Y, nuevamente, el tema musical que interpreta el talentoso Germán Díaz, encaja perfectamente, lo mismo que la interpretación de otro tema, original, que realiza Hernán Muñoa.

Malicia es un homenaje a todos los que nunca creyeron en ese decadente mundo perecedero que en la Argentina se denominó como el “menemismo”, una justa mirada imparcial de esos desbordes inconscientes de los ‘90s por los que aún seguimos pagando las consecuencias.
 

Una vez más. Martín Marcou, con su Teatro Crudo, sigue demostrando que es una de las figuras más descollantes de la escena teatral contemporánea.
 

© OSVALDO SABINO para PRESSENTA.COM.AR - Buenos Aires, agosto 2011.
*Escritor, Dramaturgo, Crítico y Director teatral - www.osabino.com

Laura Gilardenghi para ABC Cultural

MARTÍN MARCOU DESPLIEGA SU VISIÓN DE LOS ‘90 EN “MALICIA”

Malicia, una charla despiadada y el reflejo de una parte de la sociedad argentina
Crédito: Mariano Casas Di Nardo - Prensa


Uno de los escenarios del Teatro La Comedia, cada jueves a las 21 se llena para presenciar la actuación de 14 personajes que recrean una de las décadas que peor imagen tiene de la historia argentina. Porque en los años ’90 mientras que una parte de la sociedad se enriquecía salvajemente y ostentaba su bienestar económico, la otra sufría las consecuencias que las desigualdades marcaban a fuego. De esto habla “Malicia”, la nueva creación del dramaturgo y director Martín Marcou donde en una puesta casi sin cortes expone su visión de esta época, encarnada, como suelen aparecer en sus obras, en las miserias humanas.

Chunchuna está sentada en el centro y a los costados se encuentran sus invitados, personas que fue conociendo a través de la vida y que comparten con ella la pasión por las apariencias y la necesidad de pertenecer a una clase social alta, por más que en el fondo no tengan cómo sustentarlo, pero en esas instancias la imagen salva toda situación, o por lo menos la mayoría. Recientemente viuda, se reúne con hombres y mujeres, que a través de acaloradas conversaciones, exponen su felicidad por ser parte de la elite, un grupo privilegiado que se siente libre de mirar y hablar de otras personas con cierta superioridad.

Pero la situación económica de Chunchuna ya no es la que era, y las deudas que poco a poco fueron carcomiendo su costoso estilo de vida, van penetrando vorazmente en la charla hasta anularla y desacreditarla por completo, al igual que ella hizo minutos antes con sus amigos.

”Malicia es una libre parodia, un homenaje personal, una revisión arbitraria de los ’90. Un rediseño de una época que me fue sustancial. Los personajes hablan de cosas de las que yo hablé y me preocupaban, algunas, aún hoy, resuenan en mi mente, otras me resultan añejas, de otras, nunca volveré a hablar jamás”, expresa el director sobre la obra.

Constantemente, las obras de Marcou se renuevan para abrir el juego hacia otras formas de expresión, una manera diferente de plantarse para hablar sobre temas sociales que, atravesados por su mirada, son agudizados al máximo y expuestos para quien busque un disparador original y comience a comparar, pensar, y disfrutar de la creatividad de un artista que siempre sorprende.


por Laura Gilardenghi
laurag@abccultural.com.ar