viernes, 29 de julio de 2011

Nota a Martín Marcou en el diario Tiempo Argentino

http://tiempo.elargentino.com/notas/los-actores-no-son-instrumento-desechable

“Los actores no son un instrumento desechable”

Publicado el 29 de Julio de 2011
Martín Marcou, dramaturgo y director.


–¿Por qué decidiste hacer, con tu obra Malicia, una revisión arbitraria de los ’90?

–Porque fue una década que me atravesó en lo personal. Y porque tiene connotaciones sociopolíticas y culturales que nos determinaron como pueblo. No estoy ajeno a ningún proceso de transformación y me interesaba contar una visión de ese tiempo.

–¿Qué nos queda en la Argentina de los ’90? 


–Hay reminiscencias que aún están latentes. Hay gente que se quedó en ese tiempo, que lo añora, lo festeja íntimamente. Rescato lo que pasó con el teatro, la década a mi parecer ha sido muy productiva a ese nivel. Repudio la frivolidad y el individualismo, y cualquier acto de cobardía que implique el no compromiso con el otro.

–¿Cómo definís tu crecimiento desde 2009 hasta la actualidad?


–Han sido dos años muy fructíferos. Muchos de los objetivos que me propuse, los alcancé y otros están en proceso. He aprendido mucho y mi trabajo se ha expandido en forma positiva. Soy un animal de trabajo, mi política tiene que ver con la lucha diaria y la autogestión.

–¿Cómo es el proceso de escribir y dirigir tus espectáculos?

–Va variando. Trabajo mucho la dramaturgia de ensayos y valoro el lugar que tiene el actor dentro de la estructura que armo. Me fascinan los actores, ver quiénes son. Para mí no son un instrumento desechable.  



Malicia se presenta los jueves a las 21. En el teatro La Comedia, Rodríguez Peña 1062. reservas@teatrocrudo.com.ar

domingo, 24 de julio de 2011

Malicia según la mirada de GUSTAVO MARTIN SCUDERI para Red Teatral.


“Pizza con champagne”

Malicia es una obra bastante particular desde su estética hasta su contenido argumental, se podría decir que las obras de Martín Marcou en este caso también el director recolectan vivencias propias otras tanto no, pero el común de todas ellas es la fragilidad del ser humano ante situaciones que lo dejan expuesto e indefenso ante la mirada del otro…

Este joven director nos viene contado historias que inteligentemente tienen que ver unas con las otras, se podría decir que sabe lo que quiere contar siempre en un circulo familiar, fraternal, amistoso aunque también amoroso.

En este caso nos trae a un grupo de personajes muy distintos entre si pero que los atraviesa en todo el sentido de la palabra una época, en esta oportunidad los años noventa comienzo de una década marcada por tópicos muy bien aprovechados en la obra, desde la tierra de las oportunidades como fueron los negocios de esos momentos hasta 1 dólar 1 peso que claramente junto a otros marcan los nudos a desatar en esta historia veloz, inteligente, cruda y por que no cómica, satírica de una época muy nostálgica y a la vez necesaria de pasar, donde a algunos les dejo el sabor amargo del champagne y a otros el sabor del sentido de la oportunidad.

Igualmente la obra no trae un debate político sino un movimiento temporal que también podría haber sido otro pero con las mismas concordancias de lo que es perder algo que se da por seguro y te levanta para terminar en el lodo donde no todo brilla y ya nadie te acompaña, si el miedo y el temor que siempre estuvieron presentes.

La historia nos trae a Chunchuna una mujer venida a menos que supo tener su tiempo de gloria, pero que atraviesa una crisis no solo económica y aprovecha a reunir a sus conocidos y familiares en lo que parece la ultima vez y esto le trae sorpresas a esta mujer que supo codearse con la crema pero ahora la sociedad la codea a ella.

Con personajes pintorescos que ya nos esperan al entrar a la sala, característica que personalmente me hace trasladarme a la situación inmediatamente, cada uno de ellos con algo que decir y muy bien interpretados por este grupo de actores que le sacan la expresión justa, algunos sobresaliendo mas que otros pero ninguno desentona en este cuadro argumental.

El vestuario es el adecuado para cada uno de ellos y una mención especial merece la música que es otro de los puntos positivos de la obra.

Malicia nos trae un teatro de jóvenes exponentes nacionales que nos permiten reflexionar sin dejar de divertirnos.

GUSTAVO MARTIN SCUDERI

La crítica completa entrando al link: http://www.redteatral.net/noticias--pizza-con-champagne--2048

sábado, 23 de julio de 2011

Crítica de Mónica Berman para Crítica Teatral

La nueva propuesta de Martín Marcou no se parece nada a sus propuestas anteriores, bueno, es un modo de decir, la estética de un director siempre está presente, aunque más no sea en los intersticios. 

Malicia está asentada en los noventa, sí, en los nuestros, los de nuestro país, nuestra ciudad, el gobierno de los otros, en fin. Y lo que hace Marcou, es algo así como quedarse con la impronta estética para montar su propuesta: sí la de pizza y champán (así). La de lo único que importa es lo que parece. Y juega con eso. Una familia que subió por “milagro”, en el momento de bajar quiere mantener las apariencias. Esto que es del orden del contenido, tiene su correlato en la puesta en escena, hay algo que se muestra como no teatro, sino como desfile, el modo de ubicar a los actores en el escenario, casi todo el tiempo presentes, figurando, sin posibilidad, casi, de extraescena, siempre a la vista de los otros, posando. 

Por otro lado, nos dicen que tienen dinero, que tienen ¿clase? y uno los ve, los escucha hablar y no les cree, la mención de advenedizos les sienta maravillosamente bien. ¿Parodia? ¿cierto patetismo? Algo de lo que son, inhibe toda posibilidad de  consuelo. 

¿Se imaginan teatralmente los ’90 en puesta en escena? Bueno, esa parece ser la búsqueda de Malicia, muchos en escena, tapándose, lastimándose, abroquelándose y riéndose como hienas del mal ajeno. 
Mónica Berman

sábado, 16 de julio de 2011

Asi filmábamos el trailer teatral de MALICIA dirigido por Leandro Martínez


backstage trailer teatral de MALICIA (junio 2011)
Dirección: Leandro Martínez
Asistente de dirección y luces: Gabriela Lacunza.
Sostiene el ventilador: Martín Marcou para Teatro Crudo.
Acompaña y compra vestido para Chunchuna: El tano.
En acción: Checha Amorosi
Esperan su turno: Hana Fleischmann, Laura Sepiurka, Yamila González Ajón, Puchi Labaronnie (custodiada por El Tano) y Richie Guzmán.

MALICIA de Martin Marcou - La mirada de Arturo Lodetti


Es muy difícil expresar en palabras las sensaciones que uno recoge al ser testigo de un estreno teatral. Asi como la experiencia de una vida es intransferible, lo mismo sucede cuando uno se ve impactado por un hecho teatral que trasciende, conmueve y modifica a la audiencia desde un sitio legítimo, casi onírico y “malicioso” (o cruel?). MALICIA nos retrotrae al ambiente que vivíamos en la década del 90. La famosa pizza con champagne que a algunos se nos hizo sabor amargo y para muy pocos significó una “maliciosa” ganancia en varios terrenos. Si tuviera que hacer una comparación, con permiso del autor, lo haría con una composición sinfónica. Al igual que en una orquesta, hay demasiados “instrumentos” en el escenario, que en manos de inexpertos o faltos de talentos no llegarían a buen término; pero en manos de Marcou los actores se dejan llevar por él, resultando una interpretación magistral. Por momentos una “melodía” puede resultar simple “prima facie”, pero el hilo conductor nos lleva a una tormenta de pasiones y vanidades que danzan frenéticas en el escenario y sin que la sangre llegue al río, el autor ya nos involucró en otra melodía distinta con un desenlace diferente. El autor supo traer con inteligencia las afirmaciones “maliciosamente” sinceras de las que fuimos victimas y victimarios. Eso es lo que hace de MALICIA una propuesta, apasionante desde lo estético, lo discursivo y lo corporal. El elenco esta a la altura de las circunstancias, “ejecutando” con virtuosismo la “partitura” propuesta por el director. MALICIA es una bella creación con textos inteligentes y reflexiones profundas que refleja una sociedad real al estilo “Marcou” con su Teatro Crudo en estado puro.  Humor inteligente… la factura del autor es impecable. ¡Felicitaciones Martin, lo hiciste de nuevo!


La lees entrando al link: http://teatrohabilis.blogspot.com/p/malicia-de-martin-marcou.html

Espectaculosalamod's Blog opina. La mirada de María Inés Senábre


Muy buena!!!

Malicia es una construcción inteligente que parece una instalación, un museo de los años 90, lo que queda de ellos, alrededor de una mujer que supo de mejores épocas. Además de la pizza con champán encontramos todas las palabras y pensamientos que en esa época se decían sin ningún cuidado. Ideas sobra la abundancia y la capacidad de enfocarse para lograr el éxito. Palabrerío insulso que el genio de Martín Marcou como un curador en una exposición, logra ubicarlo perfectamente. Esas palabras construyen la historia, aparentemente conversaciones inconexas, crueles, despiadadas al estilo de la época en la que era cool ser “sincero” y había respuestas para todo.

La discriminación nacida de la bajeza intelectual. Tipos humanos fácilmente reconocibles, representantes de la crema de la sociedad de perejiles en ascenso, junto a otros que expresan y conectan su sensibilidad. Rencores guardados pero no del todo.

En toda esa maraña de palabras se reconoce la estructura de una época, en ella están claros algunos descubrimientos interesantes que valorizan todo el discurso.

La escenografía es un viaje al pasado expresa muy bien el estilo de una época. El gran elenco, aplausos a la dirección, es muy armónico, nadie se destaca de más y nadie se pierde en el grupo. Los personajes son rescatados pero no intactos, como corresponde al paso de la vida. Un perfecto ritmo para una comedia que ubica y que destaca las raíces de un pensamiento del que aún somos cultores en muchas situaciones. Una genialidad.

María Inés Senabre

Nota completa en: http://espectaculosalamod.wordpress.com/boletines-criticas-etc/malicia-julio-2011/

La mirada de Charly Zárate para La Voz Joven


Por Charly Zarate

Con el estreno de su nueva obra "Malicia", el director y dramaturgo Martín Marcou atraviesa la barrera del teatro en el cual supo transitar con inteligencia, sarcasmo y profundidad temáticas LGTB para incursionar en un universo distinto que bien podríamos definir como un "teatro de humanidades".

De entrada el espectador se siente invitado al reencuentro familiar de estos seres tan maliciosos como encantadores. El motivo que los une no importa tanto como las conflictividades que los separan, teñidas de miserias y crueldades pero manteniendo el humor sarcástico como hilo conector. Todos beberán su acido trago para luego escupirlo catarquicamente.

Con rapidez cada uno de ellos dibujara su historia desde su propia oratoria y traspasando el alma del otro. Ese otro que critican pero que también los enfrenta ante su propio espejo. Para ello recurren a bromas densas, críticas destructivas, humillaciones verbales o secretos develados; cualquier motivo es válido. Así van funcionando estas criaturas, sus filosas lenguas no tienen límites posibles y es el mecanismo motor de la obra que logra clímax inquietantes y momentos de lograda tensión.

Esta gente fue golpeada por el neoliberlismo menemista y colapsaron sus mentes con la "pizza y champagne" para convertirse, alguno de ellos, en nuevos ricos decadentes y descartables de una nueva clase que quizás desarticulada, como esa época, de la cual se parodian sus grandes miserias. Aquí remarco el primer gran acierto de "Malicia", una dramaturgia intensa que a la manera de un director de orquesta define sin fisuras escenas corales impecables.

El otro destacable ingrediente es la composición de los personajes, que conforman este grupo de catorce maravillosos y eclécticos actores en escena. Sin exageraciones ni sobreactuación, cada uno de ellos transita su pequeño universo interior con naturalidad, desmesura y elocuente talento. Pero como en todo equipo hay quien se destaca, unos por su experiencia y otros por su ineludible gen actoral.

Es el caso de Puchi Labaronnie ("Quiero pasar una noche con Franco") que personifica con potente carácter a la madre-viuda-gran señora venida a menos de esta maliciosa familia. La presencia escénica de esta actriz es impactante, cada gesto y mirada resulta atractivo; realmente una perla del off que Martin Marcou logro capitalizar. Así como también la querible Checha Amorosi ("Tortita de manteca","Desmesura"), que maneja un histrionismo sutil y determinante. Verlas actuar es un placer.

Por otro lado, hay escenas paralelas que se suceden todo el tiempo, otorgándole más vértigo a la obra, y es lo que sucede con “Olavia” (Lorena Azconvieta) la servidumbre manca de la casona, la irrupción del hijo adoptivo de ” Chunchuna” que trae una sorpresa pero... basta, les estoy contando todo y la idea es que espíen ustedes mismos. Para ello no duden de ir al Teatro de La Comedia y disfrutar de esta más que interesante propuesta del universo creativo de Martin Marcou.

Entrá al link para leer la crítica completa: http://www.lavozjoven.com.ar/?q=contenido%2Fcr%C3%ADtica-teatral-malicia-de-mart%C3%ADn-marcou


La mirada de la gente de Criticunder


http://criticunder.blogspot.com/2011/07/malicia-en-la-comedia.html


Por: Patricio Pereyra
patricio.criticunder@ymail.com

Calificación: ★★★

En una conceptualización ideológica planteada de manera interesante de la década de los 90, la nueva creación de Martín Marcou, Malicia llega al Teatro La Comedia para seguir provocando con su Teatro Crudo.

Allá en la década de 1990, Chunchuna, jugosamente interpretada por Puchi Labaronnie, organizaba fiestas pomposas para todos sus amigos. En esa época su marido alcanzó el pico de mayor notoriedad en su círculo de conocidos, al vender una fábrica de botones heredada de su padre a un magnate brasilero en una cifra record. Chunchuna, de origen humilde, sintió que tocaba el cielo con las manos. Chunchuna que comió pizza con champagne y viajaba seguido a Miami a comprarse ropa, supo codearse con la crema y disfrutarlo a rabiar sin sentir culpa alguna… pero a Chunchuna se le acabó la fiesta con la década menemista.

La obra se encuentra muy bien planteada pero no así resuelta, ya que es discursiva y parte de las actuaciones se encuentran fuera de ritmo, casi ajenas, inorgánicas para afrontar la verdadera profundidad del texto, casi poético, que brinda mucha acida y buena información. El ida y vuelta carece de precisión, elemental para este tipo de relatos.

Un texto rico, que corre riesgos de fisuras no logrando resolver situaciones interesantes: como la “injustificacada” incapacidad de la mucama, magistralmente interpretada por Laura Azconovieta. La apática pero leal mucama se convierte en el personaje más rico dentro de un elenco en donde también se destacan: Puchi Labaronnie, Checha Amorosi (algo desaprovechada pero siempre salvajemente talentosa), Yamila González Ajón (brindando certezas sobre su futuro), Hana Fleischman y Laura Sepiurka (contando con recursos más que sustentables).

La provocación está en todo momento rozando situaciones en donde la incomodidad puede estar sentada en la butaca contigua. La normalidad no existe. Una literal cena con pizza y champagne actúa como un recurso y homenaje pensado, genuino a esta arbitraria y divertida revisión de los 90.

viernes, 15 de julio de 2011

Nota en Revista Llegás. “no comulgo con esa idea de subrayar la putez”


CONOCIDO POR SUS TRABAJOS LIGADOS A LA CUESTIÓN GAY, EL DIRECTOR MARTIN MARCOU INTENTA DESPEGARSE TODAS LAS ETIQUETAS QUE SE LE ATRIBUYEN. EN SU NUEVA OBRA MNALICIA SE INMISCUYE, CON CIERTA NOSTALGIA POP, EN LA DÉCADA DE LOS 90.

Es puro prejuicio. Leyendo al pasar en las agendas teatrales títulos tales como Tortita de manteca, Lame Vulva y Desmesura vaginal; o mirando sus fotos de prensa donde siempre busca una imagen desbordada frente a la lente, cualquiera pensaría que Martín Marcou es un director frívolo que padece de un “almodovarismo tardío”, y que sus ideas giran en torno a escandalizar burgueses representando mujeres fálicas y putos sacados. Siguiendo esta pista, todo daría a suponer que encontrarse con él sería enfrentar a un sujeto arrollador, que abduce toda tu energía y la arroja al cesto como un plan inconducente. Pero todo esto es puro prejuicio. La tranquilidad de Marcou al expresarse parece inamovible y su paz interior genera cierta envidia no sana. Todo esto se lleva de patadas con la descripción sobre sus títulos e imágenes públicas, pero el relato sobre su origen aclara un poco las cosas. “En realidad yo me crié en un pueblo de 120 personas. Ahí llegó la tele cuando yo tenía 10 años por lo tanto todo lo que tenía que ver con lo lúdico estaba apoyado en el lenguaje de la representación. No tenía formalmente a nadie que me diga: ‘Esto es teatro. Esto es actuar’. Lo hacía de forma intuitiva. A mis diez años llegó un maestro de teatro recién recibido, que nos hacía jugar y actuar. Fue el que me formalizó algunas cuestiones. Él fue el que me dijo que esto es un oficio como cualquier otro. No lo cargó de ninguna cosa”, recuerda Marcou. Ese maestro de teatro desconocía que le estaba entregando las primeras herramientas a un director que se convertiría en un referente de la escena queer local. Aunque posiblemente esta definición también sea una etiqueta más.

—En una entrevista decías, para diferenciarte de un director con el que se te asocia, que tenés un perfil más militante con la cuestión gay… ¿Es realmente así?

­ —Por el hecho que aparezcan personajes LGTB se me podría a mí asociar con una cuestión más militante o un perfil más activista, pero no es lo que yo quiero o prefiero o elijo. Eso se da sobre las asociaciones libres que hace el resto sobre tu trabajo. Cuando me pongo a escribir no pienso a priori: este personaje tiene que ser puto, esta va ser lesbiana porque va generar determinado impacto y va a traer público. Yo trato que los personajes estén insertos en mis obras de una manera hermosa y natural, de una manera simple, lejos de todo manierismo, lejos de cualquier dejo cirquero. Aun hoy sigue existiendo la idea, que yo denosto, esta cosa de cierta celebración por lo gay, de festejar al puto. No comulgo con esa idea de subrayar permanentemente la putez. Cuando me junto con mis actores siempre establezco que no me interesa que el personaje ponga su sexualidad en primer plano. Me parece muy necesario el debate y está bueno poner en jaque cuestiones que tienen que ver con la sexualidad. A mí lo que me interesa contar son personajes que no se cuestionaban su sexualidad. El puto con trauma está demodé.

—¿Creés que puede haber un interés comercial detrás de mostrar personajes gays o referirse a estas temáticas? Sobre todo, porque estos espectáculos definen un público…

—Está en el ambiente teatral que los putos van a ver obras de putos. Se supone que una obra que tenga personajes con diferentes orientaciones sexuales garpa y que eso te garantiza un éxito o un recorrido satisfactorio. Yo no creo que sea así, puede colaborar en algún sentido. Por ejemplo, yo creo que la comunidad gay no va a ver mis obras de teatro. Si me pongo a pensar y a analizar los seis meses que estuvo en cartel Quiero pasar una tarde con Franco, y todas las asociaciones y organizaciones y todo el público LGTB que va a ver otros eventos además de teatro, a mi obra asistió más público que no responde a la comunidad gay. A mí me interesa contar humanidades, si bien no es un dato menor que el personaje sea gay, lesbiana o transexual. Yo privilegio qué le pasa, lo que quiere decir, por qué lo dice y qué rol cumple dentro de lo que yo estoy contando. Nada más.

Ahora Marcou, creador del grupo Teatro Crudo, decide arremeter con una década cercana que es un tema en sí misma. Obviamente, nos referimos a los años 90. Estos años que abarrotan nuestra mente con su sola mención (y generalmente no de cosas muy positivas) tienen en el director un aspecto nostálgico que motivaron la escritura del texto de Malicia, la obra en cuestión: “Los 90 para mí fueron significativos, me enamoré por primera vez, me emocionaba con Grande Pá!, me reía con las Tortugas Ninja, y soñaba con ser uno de los chicos de Jugate conmigo para bailar con Cris. También terminé la secundaria, volví de mi viaje de egresados, agarré mi movicom, coloqué mi disc-man (que adentro tenía El amor después del amor, de Fito) en la mochila, y dejé la Patagonia para conocer la gran ciudad.”

—¿Por qué creés que en los 90, a pesar del caos cultural y económico que imperaba, el teatro tuvo un gran crecimiento en cuanto a los autores y a la producción?

—Porque es una herramienta, un bastón que no sucumbe ante las crisis sino todo lo contrario. Las mejores cosas en teatro han nacido en contraposición a grandes crisis porque tiene una cuestión combativa. Eso pasa porque el teatro es una válvula de escape y un soporte de tolerancia ante cuestiones críticas. Es revolucionario en ese aspecto.

Malicia es la reunión de una gran familia alrededor del menú de la época: la pizza y el champagne. Todos ellos “están interpretados” por algo que los supera y los desborda; la frivolidad funciona como un retrovirus silencioso que se inserta en el ADN y se replica en el cuerpo sin resistencia, es inmanente a él. No hay en el texto referencias directas, lo que haría más fácil encontrar al enemigo y darle castigo. La cuestión crítica de la obra pasa a ser la forma buscada para la representación. Y en esto Malicia da en el blanco. “Me interesaba agrupar en un solo lugar a tantas personas que no diciendo absolutamente nada, están diciendo muchas cosas”, relata.

Más allá de su nostalgia pop con los 90, los elementos que suben a la escena para denunciar esa década son ominosos y esto quizás marque un punto de inflexión en su producción; la forma es más sutil y concreta que cualquier discurso comprometido y panfletario.

Pese a que seguirá asistiendo como figura insoslayable a festivales, convenciones y ciclos LGTB, Martín Marcou muestra que tiene una capacidad de reflexión sobre su propio trabajo que lo convertirá en un buscador permanente de nuevas formas. Y quienes lo vean como un director solamente dispuesto para cuestiones gays, bueno, tendrán ellos mismos que revisar su temita con el prejuicio.
Juan Ignacio Crespo

miércoles, 13 de julio de 2011

EN CARTEL

MALICIA
Teatro La Comedia
Jueves 21hs.
Rodriguez Peña 1062
Reservas: 4815-5665 / 4812-4228
Entradas: $60
Solicitar descuentos en reservas@teatrocrudo.com.ar