sábado, 23 de julio de 2011

Crítica de Mónica Berman para Crítica Teatral

La nueva propuesta de Martín Marcou no se parece nada a sus propuestas anteriores, bueno, es un modo de decir, la estética de un director siempre está presente, aunque más no sea en los intersticios. 

Malicia está asentada en los noventa, sí, en los nuestros, los de nuestro país, nuestra ciudad, el gobierno de los otros, en fin. Y lo que hace Marcou, es algo así como quedarse con la impronta estética para montar su propuesta: sí la de pizza y champán (así). La de lo único que importa es lo que parece. Y juega con eso. Una familia que subió por “milagro”, en el momento de bajar quiere mantener las apariencias. Esto que es del orden del contenido, tiene su correlato en la puesta en escena, hay algo que se muestra como no teatro, sino como desfile, el modo de ubicar a los actores en el escenario, casi todo el tiempo presentes, figurando, sin posibilidad, casi, de extraescena, siempre a la vista de los otros, posando. 

Por otro lado, nos dicen que tienen dinero, que tienen ¿clase? y uno los ve, los escucha hablar y no les cree, la mención de advenedizos les sienta maravillosamente bien. ¿Parodia? ¿cierto patetismo? Algo de lo que son, inhibe toda posibilidad de  consuelo. 

¿Se imaginan teatralmente los ’90 en puesta en escena? Bueno, esa parece ser la búsqueda de Malicia, muchos en escena, tapándose, lastimándose, abroquelándose y riéndose como hienas del mal ajeno. 
Mónica Berman

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