sábado, 13 de agosto de 2011

Osvaldo Sabino para Pressenta

MALICIA POR OSVALDO SABINO
En Malicia, Martín Marcou, con su reconocido talento, se sumerge hábilmente en la perversa exageración de la extravagancia de la década del ’90.
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M A L I C I A
de Martín Marcou
Jueves 21hs. Entrada: $60
TEATRO LA COMEDIA
Rodríguez Peña 1062 - CABA
Tel.: 4815-5665 / 4812-4228
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MALICIA DE MARTIN MARCOU
Jueves 21hs. - $60
Teatro LA COMEDIA, Rodriguez Peña 1062, CABA.
 
EN MALICIA, MARTÍN MARCOU, CON SU RECONOCIDO TALENTO, SE SUMERGE HÁBILMENTE EN LA PERVERSA EXAGERACIÓN DE LA EXTRAVAGANCIA DE LA DÉCADA DEL ‘90
Por OSVALDO SABINO*, para PRESSENTA.COM.AR
Las fotos son una gentileza de
Fher Ghiani ©

Malicia, la nueva obra de Martín Marcou, es una ácida propuesta decididamente divertida, aunque la clave de su éxito reside justamente en que no busca serlo. La malicia emana de los tonos, las poses y de los giros que van tomando las diferentes situaciones nostálgicamente planteada por los personajes que llevan adelante una temática simple que, como la década que evocan, termina cargada de un corrosivo barroquismo.

La acción se desarrolla durante una reunión de familiares y amigos que organiza Chunchuna (Puchi Labaronie). En ella reviven las efímeras glorias vividas durante ese período nefasto en el que muchos se enriquecieron a costa de una economía que hoy paga las consecuencias. La consigna esencial es (como era en aquel entonces) una fiesta de “pizza y champagne”. La trama se desarrolla con toques que entrelazan el realismo, el absurdo, la crueldad, el melodrama, unidos por la experta inteligencia y el talento siempre en ascenso de Martín Marcou. Catorce personajes en una habitación de la que no pueden escapar ni de la mirada vigilante de la anfitriona, ni del rencor que habita en ellos mismos. Los invitados son seres que durante aquella década lo tuvieron todo, y que, con el correr del tiempo, sólo les ha quedado la memoria nostálgica de aquellos días.

El director ha cuidado todos los detalles: desde lo cromático, ya que todos los colores están íntimamente relacionados con los personajes, hasta la división de roles y sus nombres, que están muy estrechamente relacionados a sus historias. En la trama, todo el elenco se integra exagerando sus pasiones y proponiendo una parodia que produce un distanciamiento con la realidad de sus vidas. De este modo, Malicia logra que la audiencia se identifique, de una manera u otra, con detalles compartidos por todo el tejido del imaginario social. La virulenta mordacidad que Marcou ha volcado en el texto, consigue que todos terminen burlándose de sí mismos, pero buscando reflejar sus condiciones sobre los demás.
La efectiva dinámica de los discursos de Malicia hace que la obra mantenga su ritmo y no decaiga en ningún momento. Las actuaciones son espontáneas, naturales (uno de los sellos distintivos de Marcou), todo el elenco hace suyos a los personajes, los incorpora de manera orgánica resaltando la ácida poesía a la que el autor nos tiene acostumbrados. Un importante detalle a destacar, es la precisión con que se mueven los diálogos, un ida y vuelta altamente dinámico que -a pesar de ser catorce personas en escena- rápidamente nos familiariza con cada uno de ellos logrando que perduren en la mente mucho después de abandonar la sala. Aunque no es fácil conseguirlo, todas las situaciones presentadas terminan resolviéndose artesanalmente.

Una vez más, Martín Marcou está acompañado de un excelente grupo de actores encabezado por dos de sus actrices fetiche: Puchi Labaronnie, en un rol a su medida y al que le saca el jugo en todo momento, y Checha Amorosi, una joven profesional que no deja de superarse en cada nueva entrega. También debemos destacar la excelente actuación de Richie Guzmán, transitando constantemente una fina línea que en ningún momento cae en la ridiculización de un personaje que está siempre moviéndose en el límite. Los mucamos, compuestos por Julián Mondino y Lorena Azconovieta, no sólo se integran el grupo, pero también, desde un costado de la escena, componen una especie de catalizador social -virulentamente irónico- de ese mundo de apariencias y de frivolidades insidiosas. Los discursos que esgrimen los personajes, establecen el compás de esta brillante comedia cargada de mordacidad en la que toda la audiencia encuentra rasgos para identificarse -y de los que pueden avergonzarse- pero que siempre serán vistos proyectados sobre “el otro”.

El inagotable arsenal de recursos de Martín Marcou, tanto en su condición de dramaturgo como así también de director, hace que estas realidades -que en otras manos podrían ser utilizadas sólo para poner distancia con la audiencia- logren movilizar la fibra del público, desnudando descarnadamente el pensamiento reprimido de estos remanentes de ese mundillo que favoreció a unos pocos y hundió a muchos.

La obra se complementa con una muy funcional escenografía que se ajusta a la decadencia de la época en la que la memoria de estos seres se ha quedado estancada. También el diseño de luces de Ariel Campos se adapta como un personaje más en la escena. Y, nuevamente, el tema musical que interpreta el talentoso Germán Díaz, encaja perfectamente, lo mismo que la interpretación de otro tema, original, que realiza Hernán Muñoa.

Malicia es un homenaje a todos los que nunca creyeron en ese decadente mundo perecedero que en la Argentina se denominó como el “menemismo”, una justa mirada imparcial de esos desbordes inconscientes de los ‘90s por los que aún seguimos pagando las consecuencias.
 

Una vez más. Martín Marcou, con su Teatro Crudo, sigue demostrando que es una de las figuras más descollantes de la escena teatral contemporánea.
 

© OSVALDO SABINO para PRESSENTA.COM.AR - Buenos Aires, agosto 2011.
*Escritor, Dramaturgo, Crítico y Director teatral - www.osabino.com

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