sábado, 20 de agosto de 2011

Puesta en Escena - Entrevista a Martín Marcou

Martín Marcou, bitácora de un creador incansable


Dialogamos con el creador de Teatro Crudo, acerca de sus trabajos anteriores y del que hoy puede verse en el Teatro La Comedia

Martín Marcou* nació en Comandante Luis Piedra Buena,  provincia de Santa Cruz. Luego de trabajar en el terreno de la investigación y experimentación teatral en su provincia, en el año 1997 se traslada a Buenos Aires donde continúa formándose en el campo de la actuación, dirección y puesta en escena. Como docente ha dictado seminarios de actuación en Argentina, Chile, Ecuador y Venezuela. Como dramaturgo escribe y pone en escena sus espectáculos desde el año 1996. En el año 2006 creó el grupo de teatro TEATRO CRUDO. Su último estreno Malicia, es una parodia a los años 90’ y una excusa para hablar de cosas que habló la gente que vivió esa generación y de las cuales en muchos casos no volverá a hablar jamás. Para llevar a nuestros lectores un mayor conocimiento de este incansable artista, Puesta en escena conversó con él sobre varias cuestiones de su quehacer.

Puesta en Escena- Hay una línea de trabajo que se viene dando desde Lame vulva, Brillosa y ahora Malicia que muestra cierta consolidación de un equipo de trabajo. Por ejemplo Checha Amororosi está en las 3 obras. ¿Esa continuidad responde a necesidades estéticas del momento o tiene que ver con el proyecto de Teatro Crudo?

Martín Marcou- Creo en los equipos de trabajo cuando estos laburan sin otra especulación que la del placer por lo que se hace. En ese sentido siento que uno se va encontrando con la gente que  es necesario encontrarse. No es sencillo apostar a la idea de grupo en tiempos donde todos quieren ser más que el otro para existir. Es un escollo que me interesa atravesar. Por lo general trabajo con lo que me da miedo. Domar mi ego y el de los actores con los que trabajo es parte de la tarea. El caso de Checha Amorosi  y su continuidad dentro de Teatro Crudo, responde por un lado a que ella es miembro del equipo desde sus inicios y por el otro lo relaciono con la necesidad de seguir investigando conjuntamente sobre nuestras estéticas.

P.E.- ¿La cuestión gay es un tópico que ha sido usado con acierto en tu caso y que se repitió a lo largo de muchas puestas de otros dramaturgos y directores no siempre por la convicción de la problemática, sino más bien como un tópico y sabemos que estos tienden a cristalizarse y vaciarse de contenido. ¿Cómo se la aborda hoy desde tu trabajo, ya que tu caso es el opuesto al que menciono?

M.M.- Siempre digo que el tratamiento de la diversidad sexual en las artes escénicas debería ser abordado con responsabilidad. Y no lo digo de pretencioso, ni de solemne. Me parece que al hablar de elecciones sexuales nos estamos diciendo y eso no es un tema menor al menos para mí. Vaciar de contenido temáticas LGTBI es atentar contra la realidad imperante, es ir en contra de la naturaleza de las cosas y de los cambios que hay que acompañar. De todas formas, considero que aún hay mucha pose respecto al tema. Mucho trabajo por hacer. Veo mucha  gente creyéndose importante y especial por que es gay, lo cual me parece terrible. Yo me diferencio del resto por que Intento no ser todo el tiempo autorreferencial ni obvio. 

P.E.- Malicia aborda cierta cosa noventosa y pop que lamentablemente está latente porque su alcance ha sido muy nocivo y despierta nostalgias al menos en algunos sectores, cada vez menores por cierto. ¿Qué fueron para vos los 90’? ¿Cómo definirías ese recorte histórico que borró muchos límites, uno de ellos la frontera entre lo privado y lo público?

M.M.- Los ’90 para mí fueron significativos por que terminé la secundaria y tomé decisiones importantes para mi futuro, como por ejemplo venir a vivir a la gran ciudad. Llegué a Buenos Aires en el ’97 y me encontré con la gran fiesta menemista, que en Santa Cruz se vivió de otra manera. Rápidamente entendí como venía la mano. O te sumabas o quedabas afuera. Intuía que los límites se iban corriendo. El culto a la imagen, la banalización de los sentimientos, la debacle de ciertos valores y la devaluación de la palabra, entre otras cosas, fueron claros signos de consecuencias venideras. Al mismo tiempo el teatro como puntal siguió pariendo nuevas formas de construcción estética. Nuevos valores emergieron y yo fui aprendiendo de ello, acomodándome siempre a las transformaciones.  Se que es una década que despierta pasiones encontradas, amores y odios, hay gente que la detesta, pero también hay nostálgicos y sobrevivientes de ese tiempo y están entre nosotros.

P.E.- ¿Cómo trabajaste en Malicia? Desde la dramaturgia, la puesta en escena, las elecciones estéticas, en torno de todos los signos teatrales, música, vestuario, luces. etc.?

M.M.- MALICIA es una obra que habla sobre una mujer que asciende de clase social y después, en el momento que le toca bajar, quiere mantener las apariencias. Mi  apuesta siempre fue generar una versión desordenada de los '90, tal como yo concibo la época. Y un poco a mi teatro. Particularmente me interesa crear cosas que estén vivas y que contengan una sustancia movilizadora. Me gusta que los actores actúen estados, ese es mi mayor interés en este momento. En esta obra, me interesaba poner a dialogar a muchas personas, que aparentemente no se están diciendo nada, pero que en sus dolores y contradicciones terminan sacando afuera sus miserias. Fue complejo que los actores entendieran que la mayor parte del tiempo debían actuar sentados, sin que eso implique reposo, ni desbordes innecesarios de energía para poder sostener el sistema que se creó. Ellos tuvieron activa colaboración en los ensayos y aportaron lo suyo. Busqué ubicarlos en una escenografía sencilla y funcional, ya que la obra es mayormente discursiva. La música a cargo de Germán Díaz, presenta  temas de los ’90  que volvimos a visitar y le dimos una vuelta de tuerca. El vestuario es actual, con reminiscencias de aquella época en algunos casos. El diseño de luces a cargo de Ariel Campos, plantea una re significación de la ostentación, subrayando algunos objetos en particular y climas en pasajes específicos de la obra que son, básicamente evocativos.

P.E.- ¿Hay un súper objetivo en torno a lo que deseas que el espectador se lleve? ¿O sencillamente preferís despertar interpelaciones respecto de lo que exhibe la obra?

M.M.- No jamás. Abogo por la multiplicidad de sentidos y la bifurcación de los estados. El público tiene su crédito y crea su propia dramaturgia. No me gusta faltarle el respeto, no son corderitos mansos, una manada. Me interesa como creador, que el espectador una como se le antoje, que haga y deshaga, que edite de la manera que le quede más cómoda. Me entretiene el público que disiente, que defiende sus ideas y su propia versión de los hechos.

P.E.- ¿Pensás reponer Quiero pasar una tarde con Franco? Y si así es, nos gustaría que nos cuentes qué mecanismos hacen posibles tanto teatro en Bs. As. Y que el OF pueda darse un lujo que hace años sólo se daba el teatro comercial, que es reponer obras con gran afluencia de público.

M.M.- No, no pienso reponer la obra por ahora, pero nunca me cierro a la posibilidad. Es una obra que estuvo dos temporadas en cartel y que me gustó mucho hacer, por la resultante del encuentro con los actores y por lo que pasó con el público y su devolución. Es probable que salga algún Festival. Con respecto a comentarios sobre los mecanismos que hace que la gente vaya o no a ver una obra, son respuestas que sigo buscando, son procesos y variables que van mutando todo el tiempo. Hay obras que extienden sus temporadas y se convierten en obras de culto o fenómenos y otras que duran un mes y tienen todo para convertirse en éxitos. Si supiera cual es la razón, o tuviera una formula para crear aciertos y éxitos, sería muy afortunado. Mientras tanto sigo apostando a la auto gestión y al trabajo como herramientas para seguir depurando mis obras, para conseguir mayor rigor estético y visibilidad como creador.

P.E.- ¿El teatro es signo de inestabilidad? ¿O aún en épocas de aguas  quietas (no recuerdo ninguna) el teatro se sigue filtrando por todas las rendijas, abarcando a todas las capas sociales porque aunque no conlleve una catarsis como pensó Aristóteles sigue siendo el gran catalizador de emociones?

M.M.- El teatro es inestablemente necesario. Es un signo de vida y va con el mundo, es un bastión poderoso que produce revolución interna, sed de decir, es un sostén perpetuo de la emoción. Al teatro se lo pone todo el tiempo en diferentes lugares, se lo redefine y se pretende categorizar, pero el teatro se determina así mismo imponiendo su fuerza y sus misterios. Si pudiéramos definir con precisión que es el teatro, que es actuar y para donde vamos, dejaría de hacerlo.  

P.E.- Muchas Gracias.

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